jueves, junio 15, 2017

Satoshi Uematsu y la Masacre de Sagamihara


En la madrugada del Martes 26 de Julio de 2016 la ciudad de Sagamihara, Prefectura de Kanagawa, Japón, se despertó con 19 personas, de entre 18 y 70 años, asesinadas y otras tantas gravemente heridas. Las víctimas, todas pacientes internos de una institución para discapacitados múltiples.



Pero vayamos por partes. Este hombre de la foto es Tadamori Oshima, Presidente de la Camara Baja del Parlamento japonés, quien un día amaneció con una extraña carta.



El remitente era Satoshi Uematsu, un joven trabajador social de 26 años.

La carta decía lo siguiente:

Estimado portavoz de la Cámara Baja Tadamori Oshima, Muchas gracias por leer esta carta.

Puedo aniquilar un total de 470 discapacitados. Soy absolutamente consciente de que mis comentarios son excéntricos. Aun así, al pensar en los rostros cansados de los tutores, en los ojos apagados de los cuidadores que trabajan en las instalaciones, no soy capaz de contenerme, así que he decidido tomar medidas hoy por el bien de Japón y del mundo. Mi razonamiento es que puede que yo sea capaz de revitalizar la economía mundial y creo que quizás sea posible evitar una III Guerra Mundial.

Imagino un mundo en el que las personas con discapacidades severas puedan solicitar la eutanasia, con el consentimiento de sus tutores, en los casos en los que el enfermo sea incapaz de vivir en una casa y de participar activamente en la sociedad. Creo que todavía no hay una respuesta acerca del modo en el que deberían de vivir las personas con discapacidades múltiples.

Las personas discapacitadas solo pueden crear miseria. Creo que ha llegado el momento de llevar a cabo una revolución y tomar una dura pero inevitable decisión por el bien de toda la humanidad. Dejemos que Japón dé ese primer gran paso.

¿Podría el señor Tadamori Oshima, que sostiene el mundo, utilizar su poder para lograr que el mundo vaya en una mejor dirección? Confío sinceramente en que enviará este mensaje a Shinzo Abe [primer ministro de Japón]. Esta es a la respuesta a la que he llegado después de pensar muy seriamente en cómo podía contribuir al bien de la humanidad.

Estimado portavoz de la Cámara Baja Tadamori Oshima, ¿utilizaría su poder por el bien de Japón y de toda la humanidad?

Por favor, considere esta carta seriamente.

Satoshi Uematsu

El plan: se llevará a cabo durante el turno de noche, cuando hay menos personal. El objetivo serán dos centros en los que residen muchas personas discapacitadas. Los trabajadores de guardia serán atados con un cable, por lo que no podrán moverse y ni contactar con nadie fuera. El acto se llevará a cabo con rapidez y, definitivamente, sin herir a los empleados. Después de aniquilar a las 260 personas de estas dos instalaciones, me entregaré.

Para llevar a cabo la acción, tengo varias peticiones. Después de mi detención, mi encarcelamiento será de un máximo de dos años, y por favor, logre mi puesta en libertad después. Se me debe considerar inocente por mis problemas mentales. Un nuevo nombre (Takashi Iguro) debe quedar registrado, y necesitaré documentos tales como un permiso de conducir para poder tener una vida cotidiana.

También necesitaré disfrazarme de la sociedad a través de una cirugía plástica. La ayuda financiera deberá ser de unos 500 millones de yenes (4.3 millones de euros). Me gustaría que estas condiciones se me prometieran.

Si usted toma su decisión, yo podré ejecutar mi plan en cualquier momento. Por favor, tómese esto muy en serio por el bien de Japón y de la paz mundial.

Bien, como era de esperar tras la misiva, el representante nipón avisó a la policía, la cual se personó en la casa de Uematsu. Este fue internado en un sanatorio mental e, inexplicablemente, fue dejado en libertad pocos días después.

El personal del centro donde trabajaba, obviamente, tomó las medidas adecuadas e instaló un sistema de circuito cerrado conectado a un personal de seguridad.

Sin embargo, esto no evitó que el asesino lograra perpetrar su acto. Colándose dentro del recinto, caminó por las salas donde dormían los pacientes internos y, uno a uno, fue acuchillandolos. Poco después, volvió a su coche y, conduciendo con las manos llenas de sangre, llegó hasta una comisaría de la policía donde se entregó voluntariamente.



Satoshi Uematsu riéndose en el furgón que lo conducía a dependencias policiales

Tras su detención y durante el revuelo nacional e internacional formado tras este hecho volvió a someterse a Uematsu a una evaluación psiquiátrica. En sus declaraciones aseguró admirar los planes de eugenesia de Hitler y, con posterioridad, llegó a manifestarse arrepentido de lo sucedido.


Cartel nazi promoviendo el exterminio de discapacitados.

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