jueves, diciembre 01, 2016

Drapetomanía, la enfermedad de los esclavos libres

Para todos es sabido que la ciencia tiene siempre la última palabra. Esto es así porque, a diferencia de la religión, esta se actualiza constantemente admitiendo sus errores cuando estos chocan con la realidad o simplemente por ser producto de los prejuicios y la estupidez de quienes formulan sus teorías.


Samuel A. Cartwright fue un médico de los EEUU que desarrolló sus teorías durante la primera mitad del siglo XIX, es decir, en la época en la que la nación americana se debatía entre la esclavitud de los negros y el abolicionismo.

Por aquellos tiempos era muy común enterarse de que algún esclavo había huído de una u otra plantación, algo que, como era de esperar, se daría cada vez con más frecuencia a medida que diversos estados iban aboliendo la trata de seres humanos. Debido a que la mentalidad esclavista así lo había inculcado, todos o una gran mayoría de personas de la élite anglosajona entendían que los negros no eran prisioneros sino directamente objetos. Esta idea estaba tan enraizada en la sociedad que incluso era algo normal entre personas de la comunidad científica del momento, y a Samuel A. Cartwright le tocó ser el ejemplo más claro.

Fue por esta razón que Cartwright entendió que el fenómeno de los esclavos que huían de las plantaciones no era un producto de su voluntad de ser libres sino una simple enfermedad. La Drapetomanía, que en griego quiere decir locura del fugitivo, fue clasificada como la única causa de las huídas de esclavos. Para que nos hagamos a la idea de con qué tranqulidad se argumentó esta falsa enfermedad tenemos los escritos del propio Cartwright en el tratado Enfermedades y peculiaridades de la raza negra:

Si el hombre blanco trata de oponerse a la voluntad de Dios, intentando hacer del negro algo más que un ser sumiso con la rodilla hincada (lo que el Todopoderoso declaró que debía ser) intentando elevarlo al mismo nivel que él; o si abusa del poder que Dios le ha dado sobre otro hombre siendo cruel o castigándolo presa de la ira, o descuidando su protección frente a los abusos arbitrarios de los demás sirvientes y todos los demás, o negándole las necesidades y comodidades comunes de la vida, el negro se escapará; pero si [el propietario] mantiene [a su esclavo] en la posición que hemos aprendido por las Escrituras que debe ocupar, esto es, en posición de sumisión; y si su dueño o capataz es bondadoso y misericordioso al escucharle, aunque sin condescendencia, y al mismo tiempo le suministra sus necesidades físicas y lo protege de los abusos, el negro queda cautivado y no puede escapar.


Un tipo muy sano según Cartwright


Es desconocida para nuestras autoridades médicas, aunque nuestros hacendados y capataces conocen bien su síntoma diagnóstico, el absentismo del trabajo [...] Para observar esta enfermedad, que hasta hoy en día no ha sido clasificada en la larga lista de males a los que está sometido el hombre, se hace necesario un nuevo término que la describa. En la mayoría de los casos, la causa que induce al negro a evadirse del servicio es tanto una enfermedad de la mente como otras especies de alienación mental, y mucho más curable por regla general. Con las ventajas de un consejo médico adecuado, si se sigue estrictamente, este comportamiento problemático de escaparse que presentan muchos negros puede prevenirse por completo, aunque los esclavos se hallen en las fronteras de un estado libre, a un tiro de piedra de los abolicionistas.


Un enfermo necesitado de ayuda según Cartwright


Si son tratados con amabilidad, bien alimentados y vestidos, con suficiente leña para mantener ardiendo toda la noche un pequeño fuego--separados por familias, cada familia teniendo su propia casa--no permitiéndoles correr de noche para visitar a sus vecinos, recibir visitas o beber licores embriagantes, sin hacerlos trabajar en exceso ni exponerlos demasiado a la intemperie, ellos son fácilmente controlados--más que otros pueblos en el mundo. Si cualquiera o varios de ellos, en cualquier momento, están inclinados a levantar sus cabezas al mismo nivel que su dueño, o capataz, la humanidad y su propio bien precisan que sean castigados hasta que caigan en el estado de sumisión que les fue destinado ocupar. Ellos solamente deben ser mantenidos en ese estado, y tratados como niños para prevenir y curarlos de la fuga.

Por si alguien se lo había preguntado, este estudio jue ampliamente difundido sobretodo en el sur de los EEUU, aunque no faltaron tampoco quienes se rieron abiertamente de semejante estupidez.

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