miércoles, marzo 09, 2016

El hombre que destruyó su ciudad como venganza


Marvin Heemeyer era un mecánico que regentaba un taller de su propiedad en Grandby, Colorado, EEUU. Su especialidad era reparar componentes de coches tales como silenciadores, entre otros. Todo iba bien en su negocio hasta que en 2001 una todopoderosa empresa de cementos decidió instalarse justo al lado de su taller bloqueandole la entrada. Las cosas empezaron a ir mal, los coches no tenían acceso al taller y esto le estaba haciendo perder su sustento.

Fue entonces que Marvin decidió demandar a la empresa, pero los dólares de esta fueron más que convincentes y Marvin perdió.

De nada sirvió que el demandante propusiera una solución pactada, la construcción de un acceso por el cual los coches podrían acceder a su taller sin problemas. Una solución que iba a ser costeada por el propio Marvin. Sin embargo, el encantador Ayuntamiento decidió no concederle el permiso.

Hay que recordar que en los EEUU si un demandante pierde un juicio ha de correr con los gastos de la defensa del demandado. En este caso, Marvin debía correr con los honorarios de los abogados millonarios de la empresa de cementos.

A sus pérdidas económicas por tener el negocio parado durante años y los costes de llevar a la empresa a juicio y perder se le sumaron los de una demanda por valor de 2500 del Ayuntamiento por tener desconectada la tubería de drenaje. ¿Quién creéis que era el culpable de esto último? La empresa de cementos que había construído su fábrica invadiendo su espacio, nada menos.

Marvin, desesperado, pidió ayuda a la comunidad y nadie le hizo caso. Todos pasaron de él como si fuera un apestado.

Para colmo, el propio gobierno decidió, no se si presionados por la propia compañía de cementos, obligar a Marvin a que abandonara su taller y se fuera sin indemnización, para lo cual le dieron un plazo.

Con un nivel de hartazgo, desesperación y odio más que comprensible, Marvin Heemeyer comenzó a tramar su venganza. Marvin puso un cartel de "Se vende", y una frase:

 “Ha llegado el momento de que las personas razonables adoptasen decisiones irrazonables”. 

Encerrado en su taller por un año y medio, transformó su excavadora en un tanque de guerra preparado para destruir la ciudad. Toda la máquina fue protegida por láminas de acero, incluídos los cristales. Para poder ver el exterior, colocó cámaras rodeadas de protecciones de plástico a prueba de balas. La cabina se había convertido en un centro de mando a la que solo se podía entrar pero nunca salir, y es que Marvin, planeaba su venganza como un viaje solo de ida. aparte de los monitores de control, también estaba pertrechado con tres rifles y dos pistolas aparte de munición.


Centro de mando


Entrada, solo de ida

El 4 de Junio de 2004, 3 años después de la instalación de la fábrica de cementos, la policía de Grandby comenzó a recibir llamadas de socorro muy extrañas. Un enorme monstruo con ruedas de oruga estaba destruyendo todo cuanto veía a su paso. Edificios, propiedades de la nefasta fábrica de cementos, del Ayuntamiento, así como de todos los malnacidos que le habían arruinado la vida fueron reducidos a escombros por la furia de su pala mecánica.

De nada sirvieron los disparos de la policía, la todopoderosa maquinaria de guerra de Heemeyer pudo con todo. Lo único que paró la venganza de Marvin fue una ferretería de la que él no sabía que tenía un sótano en el que quedó atascado. En ese momento los equipos de la policía fueron inmediatamente a intentar sacar a su conductor para arrestarlo, pero justo entonces oyeron un disparo en su interior. Marvin Heemeyer, de 52 años, se acababa de suicidar de un tiro en la cabeza, final que él mismo ya tenía planificado desde el principio.











Hoy en día se sigue recordando la épica historia de Marvin Heemeyer. De hecho no le faltan admiradores en todo el Mundo, muchos de ellos asiduos a una página oficial de su club de admiradores en Rusia. Ilustraciones sobre Marvin, camisetas e, incluso, reproducciones de juguete de su Killdozer, que es como popularmente se ha bautizado a su artesanal máquina de destrucción y justicia.




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