sábado, agosto 08, 2015

Utopías infantiles

Monos futuristas antiburocráticos


Cuando era niño vivía amargado, tenía que ir a 1º de EGB para luego tener que ir a 2º para luego tener que ir a 3º para tener que ir a 4º para tener que ir a 5º para lograr ir a 6º para poder ir luego a 7º para conseguir llegar a 8º. Después de tal curso tendría que estar unos cuantos años en BUP o ESO (A mi me tocó ESO), para pasar al Bachillerato y de ahí a la Universidad donde estaría otros cuantos años para, en el mejor de los casos, poder optar a un buen trabajo y, una vez logrado este, poder optar al privilegio de comer y tener un techo.

No se si será un defecto del deficitario sistema educativo español pero recuerdo que cada curso estudiábamos exactamente lo mismo con un poco más de contenido. Para colmo, muchas de las cosas que estudiábamos eran temas que chocaban tanto conmigo que estaba segurísimo de que jamás me daría por estudiar o trabajar en absolutamente nada que remotamente tuviera nada que ver con aquello.

No se si se tratará de algún fallo de mi hardware o era simplemente algún plugin de mi software el que desconectaba mi atención de cualquier cosa que no me interesara. Era absolutamente incapaz de mantener la atención más de 2 segundos, no es una forma de hablar, eran 2 segundos contados, de cosas como las matemáticas.

Sumar, restar, multiplicar y dividir son cosas útiles, pero las mierdas esas de los polinomios y las ecuaciones de no se qué grado y otras cosas raras, sinceramente me parecían excentricidades innecesarias que me daban hasta ansiedad. Señoras y señores del consejo de simios sabios que administran el conocimiento, ¿No ven que si un niño o niña ha suspendido esa basura sistemáticamente desde siempre y la mera aparición de una profesora de matemáticas ya le causa sofocos, es evidente que hagan lo que hagan esa víctima del sistema no va a querer opositar nunca para la NASA, el Centro Superior de Investigaciones Científicas, o cualquier otra utilísima institución donde tales conocimientos sean necesarios?

Sí, soy un llorón del primer mundo, este es mi drama mientras otros niños del planeta caminan kilómetros bajo el ruido de kalashnikovs y el de sus tripas hambrientas para que una monja les enseñe matemáticas en una casucha de adobe y que luego tengan que vivir en un país con menos oportunidades que el mío. ¿Y qué? Mal de muchos consuelo de tontos, y a mi el sistema educativo de la República Democrática del Congo no me va a quitar la ansiedad que me dan los números.

Sin embargo sí hubo asignaturas que me gustaban, como las ciencias naturales, y de ellas aprendí, no por el colegio sino porque me lo dijo mi madre antes incluso de escolarizarme a los 6 añitos, que en el pasado los humanos éramos "como monos", y recuerdo que a los 4 años, en una biblioteca del centro de Alcalá de Henares donde la bibliotecaria, una tal Paloma, me llamaba "Pitufín", mi madre me enseñó unas ilustraciones de cómo era nuestra sobrevalorada especie cuando "eramos como monos". Mucho después, pero siendo aún un escolar de la EGB, supe del secreto de que fuéramos "como monos", se trataba de la Evolución, y de tal proceso vi la famosa escala evolutiva en la que un mono precede siempre a otro un poco más erguido hasta llegar a un ser humano barbudo y con gayumbos de piel de ciervo. Y me dije a mi mismo que aquello era un error, que los simios no necesitaban languidecer durante décadas de sus vidas en una tortura psicológica antinatural para poder comer al cabo de años de amargura.


Los simios de la jungla no necesitan pasar por tales dramas para comer, simplemente toman la comida, no necesitan pasar años para cobijarse, sencillamente se cobijan. Son mil veces más prácticos que nosotros, nunca pasan por el sistema educativo y, además, nunca llegan a ese horrible trance que marca la edad adulta y que se trata de la toma de contacto con la burocracia. Esa absurdez que supone hacer cosas con normas de otros que vienen en idiomas ininteligibles para que al final aportes a una oficinista hija de puta que odia su vida, y por extensión la tuya, una serie de datos que ella misma ya tiene si le diera la gana de buscar en su puto ordenador.

¿Para qué quería yo eso? Yo no nací para eso, como tampoco nací para vivir con las normas de la puta gente ni para ser gobernado por la gentuza que esa chusma ignorante y cretina llamada "el pueblo", ha creído elegir libremente.

Me importaba todo una mierda, y por eso opté por mi gran idea, la de invertir el proceso evolutivo. Si la hominización se dio cuando una serie de primates comenzaron a erguirse, yo comencé a encorvarme. Cada día me esforzaba por caminar más como mono que como humano, curvaba la espalda y daba pasos patizambos. Confiaba en que la madre naturaleza pillaría la indirecta y se diera cuenta de que yo me apeaba de su plan maestro llamado Hominización.

El proyecto en sí, que tampoco es que lo tuviera muy bien pensado, consistía en crear una nueva raza de monos futuristas antiburocráticos no escolarizables. Recuerdo también saltar de unos muebles a otros para acelerar el proceso, en realidad solo lo hacía de un sillón a un sofá pero en mi mente de niño todo resultaba más épico.


Que te follen civilización, yo no hago papeleos


El proyecto fue finalmente desestimado cuando en clase la profesora dijo que si uno camina así puede acabar jorobado.

Hace poco le conté este proyecto a un amigo y el me respondió "¿Pero pretendías reproducirte con ese plan de vida?".

Robótica, la esclavitud moralmente aceptable

Mi otro proyecto fue el de la robótica. Cuando yo ya estaría rondando los 9 o 10 años recuerdo haber encontrado la solución al problema del trabajo, ese drama humano consistente en que haya que trabajar para vivir. La solución estaba en la construcción de robots y robots que repararan y construyeran otros robots.


Habría una primera generación de humanos que tendrían que construir la primera generación de robots pero esa sería la última generación humana que haya tenido que madrugar de toda la Historia. El resto de nuestra existencia como especie sería una eterna ataraxia colmada de ocio y pereza autosatisfecha. No trabajaríamos para ganar dinero para obtener placeres terrenales, los tomaríamos directamente pues ya habría robots que hayan cultivado la tierra por nosotros, ya habría robots que prepararían la comida, que empastarían muelas, que prepararían los alimentos en las fábricas, los transportarían y los comprarían por nosotros. Mientras el mundo funcionara solo la especie humana se fundiría entre cojines en un jardín infinito mientras poco a poco fuera olvidando que hubo una época horrible de nuestra historia en la que había que levantarse de la cama para freírse un huevo y no morir de inanición.

Pero todo aquello no era solo una solución para que la modorra resultara victoriosa. También había un contenido social y es que, aunque yo no entendía muy bien ni cómo ni porqué, ya me había soplado algún adulto que los problemas del Mundo los causa el dinero, su escasez en unos o la avidez de otros por obtenerlo. Bien, si el dinero es poder es porque con el podemos pagar a otras personas para que nos den productos o servicios a cambio. Si solo trabajaran los robots, que son esclavos artificiales y, por tanto, moralmente aceptables como tales, no habría que pagarle ningún sueldo a nadie. ¿A la empresa que fabrica los robots? No, hemos dicho al principio que tales máquinas pueden fabricar y reparar otros robots, por tanto, el factor humano desaparece y con él la necesidad de pagar a nadie.

El dinero desaparecería y toda la Humanidad pasaría a no tener ni un duro pero, a su vez, nuestra capacidad adquisitiva tendría como único límite nuestro hartazgo.

Viviríamos en la Saciedad de Consumo, en un paraíso del tiempo libre. Pero obviamente esto, visto con los ojos de un adulto, no sería más que causa de miles de otros perjuicios para la Humanidad. Hay factores que yo ni me imaginaba de niño que podrían darse, como el hecho de que mucha gente si lo tiene todo hecho se deprime, que como especie tenemos el instinto de sobrevivir constantemente y sin él nos morimos de aburrimiento. Que tales carencias causan ansiedad, depresión, obesidad y otras cosas por el estilo. Yo esas cosas ni me las imaginaba, para mi el paraíso en la Tierra era una pizza recién cocinada de la que picotear mientras veía la misma cinta de VHS con capítulos de Gardfield y la serie animada de Los Cazafantasmas una y otra vez constantemente.


Modificación del clima

Tendría que buscarlos, de hecho no estoy seguro de conservarlos, pero tendría que tener yo unos 11 años cuando dibujé el Mundo del futuro. Era un planeta Tierra rodeado de enjambres de naves espaciales humanas, típica estampa futurista hasta los histriónicos años 80. Pero lo que sí era una locura es que también había dibujado una especie como de mantas flotantes metálicas para reflejar los casquetes polares y hacer que allí hubiera siempre un clima primaveral.

Creo recordar que también quería cruzar todos los desiertos del Mundo con una telaraña de canales artificiales para acabar con su clima seco, favorecer la siembra y que nunca más vuelva a haber un solo desierto sobre la Tierra,

En conclusión, la Tierra sería un planeta jardín de recreo en el que gente de millones de personas se acarician la tripa mirando al cielo en el vergel sahariano mientras piensan, "Qué grande eres Luca, gracias por salvar a la Humanidad". Mientras tanto, en la copa de algún árbol, un simio inteligente que nunca declaró a Hacienda susurra en su cabeza un generoso "De nada, Humanidad, ha sido un placer".


Sí, lo se, esto no lo había previsto... tenía 11 años, ¿vale?

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