miércoles, diciembre 24, 2014

El Krampus, terror infanticida para toda la familia

Pocas veces me da por subir cosas a este glorioso blog que tengan alguna consonancia con las fechas pertinentes. Este es un caso diferente pues llevaba tiempo queriendo hablar de tan ilustre ser de la ancestral Europa.

Para mi,como para tantos otros niños, la Navidad era un periodo de tensión existencial en el que nos arrepentíamos por todas las cosas malas que habíamos hecho durante el año. Para colmo yo acabé con cierta manía persecutoria pues tras preguntar a mi madre cómo saben los Reyes Magos y Papá Noel si me he portado bien o mal, esta se sacó de la manga un improvisado servicio de espionaje formado por duendecillos que se cuelan en las casas y toman buena nota de cada cosa que haces. Tengo recuerdos muy claros de mi de niño dándome la vuelta de forma inesperada para ver si pillaba a alguno de estos. Fue muy estresante mientras duró.

Sin embargo, el temor al carbón azucarado no debió ser nada comparado con el pánico que los niños de las regiones alpinas de Europa debieron padecer en los buenos tiempos en los que la Navidad era patrimonio exclusivo del folclore popular y no de los grandes almacenes.

La razón... el Krampus.


El Krampus, un ser representado como una especie de cabra antropomórfica de pelo negro, lengua de masturbador de trompas de falopio y ojos de voayeur depravado. La visita de esa abyecta criatura era con lo que los padres de algunas zonas del continente intentaban aplacar la desbordante energía de su prole.


¿Un demonio? No, más bien una criatura que hunde sus pezuñas en el paganismo pre-cristiano que en gloria esté. Pero como todos bien sabemos, las imágenes demoníacas del cristianismo, y otras tantas, fueron tomadas por este y readaptadas para su iconografía particular.

Si bien es cierto que el Krampus no pertenece al cristianismo ni es en si un demonio, al menos no en su origen, bien es cierto que la tradición lo ha conservado como a un ser que no se conformaba con dar un susto a los niños traviesos sino más bien por llevarselos al infierno. Hoy en día le dices a un niño que le vas a castigar sin ir al cine a ver las Tortugas Ninja y se te tira al cuello el Defensor del Menor. No se muy bien si los niños de entonces se gastaban travesuras dignas de La Naranja Mecánica, cosa que tampoco me extrañaría, o que la dura disciplina centroeuropea comenzaba por unos padres que practicaban la doctrina del terror más maquiavélico si con eso los niños se comían todas las verduras.


De alguna manera el personaje logró sobrevivir a las hordas cristianas y hoy en día pervive como parte del folclore austríaco, aunque hubo de padecer en su día la persecución del Régimen del social-cristiano Engelbert Dollfuss, predecesor de los nazis y asesinado por estos.

Actualmente se sigue representando su deambular nocturno y alevoso al son de cascabeles oxidados allí donde nunca dejó de ser un personaje popular, a pesar de todo.


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