domingo, septiembre 16, 2012

Issei Sagawa, el caníbal japonés


La verdad es que tenía la idea de Japón como país civilizado hasta que conocí el caso de Issei Sagawa, el caníbal japonés. Sí, los que conocéis ya la historia, u os la veis venir pues ya he dejado claro que trata de un caníbal, seguramente estaréis diciendo "bueno, enfermos mentales que hacen de las suyas puede haber en todos los países". Sí, es cierto, y no culpo a la nación nipona de haber engendrado un monstruo como ese tipo pero sí de haber generado un sistema político basado en enchufismos, amiguismos y demás lacras que en España tanto pensamos que es patrimonio solo nuestro.

El caso de Issei Sagawa fue el de un niño enfermizo, mucho más pequeño que un niño normal. Nació en 1949 en el seno de una familia acomodada, no fue maltratado y recibió una educación estricta de parte de una familia que siempre le quiso. Sin embargo, algo no andaba muy bien por su cabeza cuando ya en su niñez acabó desarrollando un interés malsano por degustar la carne humana. En una ocasión, sus pasiones parafílicas le llevaron a intentar meterse en la casa de una mujer occidental que se había instalado en su vecindario. Hay que remarcar que, según muchos japoneses, la mujer occidental es una especie de trofeo, un icono inalcanzable al que muchos en secreto aspiran, sabrán ellos porqué tanta retorcida admiración. Muchos os estaréis ya imaginando al enfermizo Sagawa entrando furtivamente por la ventana de la casa de su deseada vecina mientras esta dormía, y así fue, pero no me preguntéis que especie de nuevo cortocircuito se dio en el podrido cerebro de nuestro personaje pues el intento parece que se dio con su cabeza enfundada en una grotesca máscara de goma del monstruo de Frankenstein. El objetivo, comerse su culo.... literalmente.

Issei pasó a manos de las autoridades pero, amigos, Japón, como ya he dicho antes, no es para nada el paraíso futurista de semidioses cool con una amabilidad a prueba de barriobajeros, no es la civilización superavanzada de seres superinteligentes que creéis. Japón es ni más ni menos que un reino atrasado y medieval cuyo emperador Meiji dictaminó en su día que había que dar paso al capitalismo como fuera. Y así fue, por eso hoy en día Japón no es más que un reino de gente sumisa a más no poder, mitómana a más no poder, obediente, que no se queja, que se deja esclavizar sin rechistar, gente que ha asumido que vive para trabajar en lugar de trabajar para vivir, súbditos que, si su horario de trabajo lo dictamina, asumen que han de abandonar caprichos tales como el sexo, y esto lo han asumido hasta el extremo de que van camino casi de la extinción como pueblo. Japón es, además, uno de los países más racistas que se conocen, es casi imposible obtener la nacionalidad japonesa si uno no es de allí, no se ven muy bien los matrimonios mixtos y en muchos casos se registran muestras de desprecio hacia los coreanos, una de las nacionalidades que más suele emigrar a Japón. En su iconografía tradicional los malos son representados con la tez oscura pues se relaciona al malo con el pobre, el que trabaja bajo el sol, con lo que aparte de racistas hemos de añadir clasistas a sus atributos. Son un pueblo que, si ve que en su seno una persona ha caído en desgracia y ha perdido su trabajo, no solo no es ayudada sino que es considerada un despojo social, el susodicho asume que es culpa suya y solo suya y se recluye o bien se suicida. 

Ah, pero eso sí, tienen móviles frikis y pelis de animación raras........ esto, eh..... yuhuuuuu!

Entre esa ristra de defectos hemos de añadir el que más comparte con nuestro país, y es que Issei Sagawa no solo no recibió condena alguna por aquel episodio de acoso sino que tras esto, su padre, decidió mandarlo a estudiar a La Sorbonne, en París.

Una vez allí, y rodeado de jóvenes muchachas occidentales que le ponían a cien, parece ser que se enamoró perdidamente de una estudiante holandesa, Renée Hartevelt, quien, tras invitarla a su casa con la excusa de pedirle ayuda para un ejercicio de la universidad, decidió matarla, cocinarla y comérsela. 


Se muy bien que muchos esperáis que suba imágenes de los restos destrozados que Sagawa dejó de su víctima pero mejor lo buscáis en otra parte.... enfermos.

La policía acabó deteniendo a Sagawa cuando este se dejó en un parque una maleta con restos de su víctima, con signos, por cierto, de haber practicado la necrofilia. El revuelo fue impresionante y la prensa se hizo gran eco hasta que de nuevo, su padre metió las narices e hizo para que el caníbal volviera a Japón sin cargo alguno, y todo sea dicho, con la complicidad del gobierno francés. Volvió, pero, cual Pinochet en Chile, tras salir del avión no solo no fue juzgado sino que se convirtió en una celebridad. 

Sagawa tan solo llegó a cumplir 15 días de reclusión en un centro psiquiátrico, tras lo cual, volvió a la libertad. Sí amigos, si aquí te quejas de que asesinos, violadores, pederastas, etc van por ahí a sus anchas haciendo que la gente deba tomarse la justicia por su mano, que sepas que el paraíso futurista friki japonés es asquerosamente igual. 


Durante mucho tiempo el caníbal japonés estuvo dando giras por todo Japón, concediendo entrevistas y yendo como invitado especial a importantes programas de televisión del país. Escribió lo que para muchos fue una basura de libro llamado En la Niebla, que no era sino un relato en primera persona de su crimen, libro que fue un éxito de ventas en el que además se jactaba de haberlo hecho. No contento con eso, volvió a escribir más libros sobre el tema, dio conferencias incluso en universidades, es admirado por millones de enfermos retorcidos de ese país de chiflados. Actuó en películas porno, muy a menudo retratando el crimen que cometió. Sí, la verdad es que no quiero ni imaginarme las ganas que debe de tener la familia de Renée Hartevelt de tirar una docena de bombas atómicas como las de Hiroshima contra cada metro cuadrado de ese frenopático llamado Japón.

Pero en fin, a continuación un documental acerca de tan escalofriante enfermo:

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