domingo, diciembre 05, 2010

Perros zombies de la URSS

En la jovencísima Unión Soviética de 1928 el científico Sergei Brukhonenko llegó a importantísimas conclusiones que hoy todavía parecen tener importancia.

El experimento que hizo célebre a este hombre no fue otro que el de cercenar la cabeza de un perro, conectar la susodicha cabeza a un aparato hidráulico llamado autojector que cumpliría las funciones de corazón y pulmón y, acto seguido, comprobar que la cabeza, cual Frankenstein, resucitaba. Más tarde, realizaría otro experimento consistente en matar a un perro quitándole la sangre para, una vez muerto, resucitarlo con el mismo ingenio hidráulico. Para ver ambos experimentos mirad este video no apto para amantes de los animales:


¿Te ha parecido repugnante, bizarro y repulsivo? Lo entiendo perfectamente pero hoy en día, si necesitas que te operen a corazón abierto esto solo será posible gracias a este experimento. Sí, podríamos decir aquello de “dejad a los animales en paz” pero entonces tendríamos que experimentar con humanos como los temibles científicos del Nazismo.

Como dato aún más bizarro diré que el experimento inspiró al dramaturgo irlandés Bernard Shaw, el cual llegó a decir que le gustaría ser una cabeza cortada mantenida así para despreocuparse de todo, para no tener que vestirse y para no hacer otra cosa que dictar sus obras a algún escriba. Lo extraño es que en Futurama no lo hayan sacado nunca entre las cabezas de celebridades históricas que de vez en cuando aparecen en la serie.

Más horrendo fue el experimento del médico Vladimir Demikhov quien en 1953 cortó en dos pedazos a un cachorro y conectó la parte delantera del mismo al cuello de un pastor alemán. El experimento funcionó y durante un tiempo ese perro bicéfalo fue presentado como un nuevo logro de la ciencia soviética al aportar importante información para la ciencia médica. En concreto son muchos los médicos que aseguran que gracias a este experimento se logró posteriormente hacer el primer transplante de corazón y pulmón.

Ambos perros unidos no solo seguían comiendo y respirando sino que, según se dice por ahí, el perro anfitrión llegó a rejuvenecer un poco.

El resultante perro bicéfalo murió unos días después por intolerancia del organismo anfitrión con respecto al implantado. Posteriormente Demikhov realizaría decenas de intervenciones iguales a esta para comprobar en qué falló el primer caso pero ninguno de sus perros Frankenstein llegaron a sobrevivir.

Para ver el primer experimento dentro video:

1 comentario:

Víctor Hugo. dijo...

Si esto de verdad es cierto, es espeluznante..