domingo, mayo 30, 2010

El Submarino Amarillo


Cuando yo era un crío muy pequeño mi padre grabó de la televisión la película El Submarino Amarillo. Desde entonces hasta hace unos años tuve esa película como uno de los mayores y más enigmáticos ejemplos de idas de pinza de la Historia. Siempre he creído que si algo no lo entiendo no es porque no tenga significado sino porque este escapa a mi capacidad mental. Así pues El Submarino Amarillo resultó ser algo indescifrable y la verdad es que me resultó un poco decepcionante convencerme de que solo era una excusa para poner canciones de Los Beattles.

Aún así el creador de semejante historia es para darle de comer a parte, veamos:


Era se una vez, o quizás dos, un extraño paraíso llamado Pimientalandia que, pese a no ser un mundo submarino, está a no se cuantas millas bajo el mar. Se trata de un idílico paraíso lleno de color, de paz, armonía y felicidad. Sus habitantes parecen ser una mezcla de dibujos de revista decimonónica e ilustraciones naif.



Aquí el anciano alcalde de Pimientalandia. Siempre me llamaron la atención sus arrugas rectilíneas.

Un buen día, la paz de Pimientalandia es destruida por la invasión despiadada de un extraño y bizarro ejército, el de los Malvadillos azules. Ahora atentos a la composición de estas hordas invasoras:


Un malo malísimo con un bigotito fascistoide, enorme nariz, orejas de Goofie botas y un cuerpo lanudo cual oveja.


Le sigue su subordinado pelotillero Max, un personajillo exactamente igual a él pero mucho más pequeño, una gran “M” de Max y orejas de Mickey Mouse.


Entre los soldados hay payasos sin brazos que mueven la cabeza como una sirena de un coche de bomberos cual alarma, si les aprietas la nariz explotan minas antipersonales por doquier aunque nadie las enterrara antes.



Un montón de turcos cuyas enormes barrigas tienen ojos y enormes bocas carnívoras que devoran todo lo que no les gusta.





No me digáis que no dan auténtico miedo.

Hombres con aspecto de ricachones fumadores de puros de cuyos zapatos salen manos con pistolas y otros con caras de depravados sexuales de cuyas manos eran cabezas de serpientes.



Gatos, sí, unos gatos enormes que se dedican a pisotearlo todo.


Los tiradores de manzanas, unos tipos increíblemente largos y espigados que recuerdan bastante a los enterradores de las películas del Lejano Oeste. Su cometido es aplastar física y moralmente a sus víctimas dejando caer sobre estas unas enormes manzanas verdes que por arte de magia aparecen entre sus manos.


Un enorme guante volador que lo destruye todo a su paso.


Perros de 5 o 6 cabezas e innumerables patas delanteras... etc.

Todos son de color azul y pretenden que Pimientalandia sea un aburrido y mortuorio mundo silencioso y sin más colores que los azulados y grisáceos. Comienzan su invasión convirtiendo a todo el mundo en aburridas estatuas sin vida pero que de vez en cuando dejan caer alguna lágrima. Es entonces cuando el Capitan Fred emprende una huida guiado por el ancianísimo alcalde de Pimientalandia quien le aconseja ir a buscar a los Beattles en un submarino amarillo que tienen aparcado en lo alto de una pirámide azteca.


El capitán le hace caso y acaba atravesando los mundos más extraños que la mente humana podría elucubrar.


Desde una especie de palacete en Liverpool repleto de puertas interdimensionales llenas de seres extraños hasta un mareante océano de agujeros negros, pasando antes por un mundo de dinosaurios y otros monstruos flotantes, donde había, entre otros, una tortuga con cara de piloto de avión, cañones vivos con orejas, una extraña esfinge con patas de gacela que vomita objetos como dispensadoras de gasolina, un monstruo sin brazos con nariz de trompeta que se traga el universo... etc.


De todos los mundos vistos uno de los más extraños es uno completamente lleno de cabezas humanas en cuyo interior se veían sus pensamientos. De vez en cuando veías cabezas, otras veces una mosca gigante o una gárgola, es igual.


El final no os lo cuento, tendréis que verla a continuación, solo os digo que siempre me ha extrañado que la gente califique de “raras” a películas como Odisea en el Espacio o toda la filmografía de David Lynch y que, sin embargo, nadie diga nada parecido de El Submarino Amarillo. Quizás sea porque todo el mundo tiende a ver esta película como una simple colección de videoclips y yo, desde pequeño, siempre la he visto más como una película con un gran argumento, más aún cuando uno encuentra ciertos guiños políticos de fondo... o quizás sean paranoias mías.

1 comentario:

DESDE EL PIE dijo...

Ví la película cuándo tenía 17 años y nunca la entendí. Yo también quise buscar algun significado político pero recíén ahora creo entender un poco mas. No obstante tengo que seguir investigando. O leyendo.