miércoles, marzo 31, 2010

Animales humanos

En Zagreb, Croacia, hace tiempo que al director del Zoo de dicha ciudad le dio por realizar una extraña exhibición, extraña aunque ya se hizo en Londres hace muchos años con el mismo propósito. Se trató de mostrar a un grupo de temibles ejemplares de la especie más peligrosa del planeta, la especie humana.





Lo cierto es que la exhibición parte de la premisa de que la especie humana es la más peligrosa de todas dada su consabida belicosidad, su costumbre por construir armas, su modo de vida que está destruyendo el planeta, etc.

Aún así yo no sería tan condescendiente, es decir, no haría esa cosa tan cobarde de diluir todas las responsabilidades de unos cuantos seres humanos como si la destrucción de la Tierra fuera cosa de todos. A fin de cuentas yo no me he ido nunca a matar y morir por una mísera banderita a ningún país extranjero, no me he ido nunca de safaris ni me gustan los toros, no he fabricado ni vendido ningún arma y, que yo recuerde, tampoco he saboteado las investigaciones en energías renovables para seguir ganando dinero con las petroleras.

Esta extraña exposición de animales humanos, de todos modos, me ha recordado a un suceso bastante menos cómico, el de Ota Benga.


Si me preguntaran cuál ha sido el animal más peligroso y mortífero del continente africano no diría ni leones ni serpientes ni humanos, mencionaría directamente al rey Leopoldo II de Bélgica. Durante el siglo XIX y parte del XX el territorio de la actual República Democrática del Congo pertenecía a la corona de Bélgica y su población nativa fue tratada de un modo que rivalizaría más tarde con el de cualquier campo de exterminio del III Reich. En una ocasión, la Force Public, policía militarizada de la colonia, capturó a Ota Benga, un hombre pigmeo de la etnia Batwa. A principios del siglo XX fue vendido a un comerciante de esclavos estadounidense junto con otros pigmeos y en 1906 lo expuso en el Zoológico del Bronx en una jaula con un orangután.


Oficialmente se pretendía demostrar con esto que el ser humano viene del mono pero, obviamente, esto no fue del agrado de muchas personas y en concreto algunas congregaciones baptistas afroamericanas protestaron enérgicamente contra lo que comprendían, y con razón, un hecho denigrante contra la raza negra.

La lucha entre las autoridades del Zoo y los baptistas llegó precisamente hasta donde no debía llegar y como era lógico, llegó a acusarse a la teoría de la Evolución como una doctrina impía e inhumana. No se muy bien que tiene que ver que algunos evolucionistas traten tan mal a los seres humanos para que lleguemos a la conclusión de que la Biblia está basada en hechos reales. Lo cierto es que el ser humano es un animal y si lo de Ota Benga era denigrante es porque quizás tener enjaulados a otros animales no humanos es también algo que no debería hacerse.

Al final después de tantas protestas y tiras y aflojas las autoridades científicas decidieron deshacerse de Ota Benga por lo que este hombre, secuestrado, desarraigado y humillado paso ahora a ser victima de un lavado de cerebro minucioso. Sí, al pobre tipo se le disfrazó con el ridículo atuendo occidental, se le puso bajo la tutela de la poeta Anne Spencer y esta lo hizo asistir a un seminario teológico.

Benga estaría mucho mejor con sus ropas y su arco pero no se le permitió y para colmo se le repararon sus dientes limados al estilo de un tiburón con unas coronas para tener un aspecto menos amenazante. También trabajaría como empleado en una fábrica de tabaco donde su pequeña estatura le haría especialmente fácil trepar por las maquinarias y arreglar desperfectos.

Al cabo de un tiempo Ota Benga mandaría todo a tomar por culo y harto de todo lo que le hicieron padecer el 20 de marzo de 1910 a la edad de 32 años se quitó las prótesis dentales, hizo una hoguera y bailó una danza ritual antes de dispararse contra el pecho con una pistola.

Ota Benga fue inmortalizado más tarde en algún cortometraje y algún que otro libro pero a mi lo que más me llama la atención es su más que probable vinculación a un personaje de la novela El curioso caso de Benjamín Button, escrita por Scott Fitzgerald y llevada al cine por David Fincher.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesantísimo tu artículo. No tenía ni idea del asunto pero por lo que veo también se le desagravia en la película "The Fall" de Tarsem Singh pues uno de sus protagonistas lleva su nombre.
http://los4rajastaninos.blogspot.com/2010/02/fall.html

brandelmosca dijo...

qué muerte más cojonuda! el mejor suicidio que he oído nunca!