domingo, febrero 15, 2009

USSA


Señoras, señores, nos han engañado, si por algún casual creíais que durante la Guerra Fría Estados Unidos luchó contra el comunismo y que la URSS y USA eran potencias antagónicas, desde lo ideológico hasta lo material, tengo que demostraros que no es así, es más, según mis últimos descubrimientos, los USSA, United Socialist States of America, fue desde siempre una potencia fiel al marxismo-leninismo, lo que pasa es que nunca supimos ver los matices. Atrás quedaron décadas de Macartismo, de bloqueo a Cuba, de Proyecto Cóndor, de la invasión a Granada y de misiles apuntando a Moscú, maniobras todas ellas dispuestas sobre el tablero internacional para confundirnos a todos.

No señores, esto no es una ucronía ni es tampoco una de esas versiones conspiranoicas de la extrema derecha donde judíos de Nueva York y bolcheviques rusos conspiran junto con masones e illuminatis en secreto para socavar Occidente, nada de eso. Lo que ocurre es que tras años creyendo que el Mundo fue justo lo contrario de la locura antes descrita, uno se encuentra películas un tanto curiosas que, de no contextualizarlas como es debido, podrían hacernos creer que el primer párrafo de este artículo es absolutamente veraz.

En la novela de George Orwell, 1984, se hace una feroz crítica a la Unión Soviética en muchos aspectos, uno de los cuales es el radical cambio de alianzas de la gran superpotencia, Oceanía, que transita de la amistad a la enemistad a muerte con otros estados como si tal cosa y luego criminaliza a quienes todavía ven con buenos ojos a aquellos con los que su gobierno tuvo excelentes relaciones. Aquella crítica era en realidad una alusión directa a la política de Stalin, que pasó del Pacto Germano-Soviético y de ahí volvió a un antinazismo recalcitrante cuando Hitler dio comienzo a la invasión de la URSS. Los comunistas pasaron, por tanto, de hacer de tripas corazón apoyando aquel pacto para luego volver a ponerse en contra de las potencias del Eje. Muy particular fue el caso de los comunistas franceses los cuales llegaron incluso a pedir tolerancia ante la invasión de soldados alemanes sobre Francia alegando absurdamente que dichos ocupantes eran hermanos de la clase obrera. Cuando el mencionado Pacto se rompió pasaron a engrosar las filas de la Resistance como si nada hubiera pasado.

Lo interesante de todo esto es que Estados Unidos, pese a ser un crítico feroz del régimen soviético e incluso de usar a Orwell para sostener aún más esa crítica, también experimentó uno de esos cambios radicales de personalidad pasando de un antisovietismo, obvio como potencia capitalista que es, a una alianza sin precedentes con la URSS y de ahí a la Guerra Fría. Lo interesante de todo esto es que el cine se vio salpicado del periodo prosoviético dejando extrañas piezas de coleccionista como las que vienen a continuación:

ANTES DE LA II GUERRA MUNDIAL



Wake Up the Gipsy in Me, Despierta el gitano que hay en mi, 1933: En este cortometraje animado se puede ver como un malévolo Rasputin hace gala de un repugnante y feudalista derecho de pernada al secuestrar a una pequeña artista ambulante gitana para perseguirla por el palacio con cara de vicioso pervertido. El argumento parece más bien para adultos si no fuera porque es un corto de notable aire infantil. El dato que a mi me desconcierta es el de los enemigos de Rasputin... primero hace aparición un conspirador terrorista cargado de explosivos, el cual falla en sus tentativas magnicidas, pero posteriormente son las masas campesinas las que hacen la revolución. Lo cierto es que la Historia de las luchas contra la autocracia rusa de los últimos zares pasó de pequeños grupos terroristas conocidos como los nihilistas que no llegaron a lograr gran cosa y fueron muy criticados por los bolcheviques que sí tomaron el poder e hicieron la revolución. Desde luego el guionista de este corto estaba algo enteradillo del tema.

DURANTE LA II GUERRA MUNDIAL


Misión en Moscú: Esta película fue la que más me llamó la atención y no solo por ser una película americana prosoviética sino porque el guión de la misma se basó en el relato autobiográfico de Joseph E. Davies, embajador de Estados Unidos en Moscú. Al parecer el mencionado diplomático fue enviado por Franklin Delano Roosevelt con el fin de recabar información sobre el desarrollo de Alemania como potencia militar así como el también creciente desarrollo de la Unión Soviética en este aspecto. Las impresiones de Davies resultaron de lo más desconcertantes, no solo no hablaba mal de la URSS sino que incluso describió a lo que vio como una sociedad moderna experimental y en pleno desarrollo. Hasta ese punto llega que incluso se da una visión de las Purgas de Stalin como de un acto para desbaratar un intento de golpe de Estado nazi-trotskista. Baste decir que esa fue la versión oficial del Kremlin durante mucho tiempo.

Sí, es lo que parece, un Stalin bonachón y medio filántropo fue el personaje de una película de Hollywood.

Fuera real o no dicha conspiración y fuera exagerada y decepcionante o no la sociedad soviética lo cierto es que el análisis geoestratégico del papel de la URSS en la Segunda Guerra Mundial fue crucial. Solo hay que tener en cuenta, y esto es analizado al principio de la película, que de haber llegado los nazis a controlar todo el territorio soviético y sus recursos naturales (Siberia y Asia Central son unas de las zonas del planeta más ricas en combustibles), probablemente la Historia habría sido muy distinta.


La Estrella del Norte: Un pequeño pueblecito de la Unión Soviética llamado Estrella del Norte es sorprendido por el anuncio de la invasión alemana de su territorio. La película se desarrolla como un drama épico de la resistencia en los territorios ocupados de la URSS por los nazis.


Días de Gloria: De nuevo la resistencia soviética antinazi se hace con un papel. En esta ocasión Gregory Peck, uno de los típicos guaperas de Hollywood, debuta como Vladimir, el líder de los guerrilleros que defienden la Unión Soviética de la agresión nazi.

GUERRA FRÍA

De momento esas tres películas son las que podrían clasificarse como de una época prosoviética “circunstancial”, es decir, de unos años en los que la URSS era un aliado inevitable al que Occidente abrazó tras haberse tragado previamente sus escrúpulos.

Posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, el Mundo quedó dividido en dos bloques antagónicos de los cuales la URSS había extendido bastante su área de influencia y tras lo cual se convertiría de nuevo en una potencia a medio camino entre la bomba atómica y los viajes espaciales. Estados Unidos extendió también su dominio hasta el frío cemento del Muro de Berlín y desde ambos lados volvió a surgir la natural enemistad entre comunistas y capitalistas. Se abría entonces un momento en la Historia de Estados Unidos que poco podía criticarle al monolitismo ideológico de los países comunistas, el periodo del Macartismo. Cinco años después del final de la guerra, el senador Joseph Raymond McCarthy emprendió una persecución casi paranoica de todo lo que pareciera sospechoso de “comunista”. El organismo encargado de tal persecución ideológica fue el famoso Tribunal de Actividades Antiamericanas, una institución que llevaba funcionando desde los años 30 y cuyo primer, que no principal, objetivo fue la organización terrorista Ku Klux Klan... sin embargo no llegó jamás a aplicarle el peso de la ley a dicha organización siniestra y zanjaron la cuestión con la frase “después de todo, la KKK es una antigua institución estadounidense”... a pesar de haber asesinado a más estadounidenses que el propio Binladen. Como prueba de la paranoia de dicho periodo hay que decir que se investigó a miembros del Departamento de Estado de EE.UU. como conspiradores comunistas y hasta se censuraron decenas de miles de libros entre los que se encontraba incluso Robin Hood.

Muchas personas pertenecientes al mundo de la cultura, algunos de ellos fueron participantes de las películas antes citadas, tuvieron problemas como también les ocurría a sus homólogos soviéticos como Andrei Tarkovski entre otros. Podía decirse realmente que entre el GULAG y McCarthy no había mucho donde elegir. Lo cierto es que muchs de los acusados no eran ni comunistas ni nada parecido, de hecho se llegó incluso a arrestar a gente que era declaradamente anticomunista o simplemente por tener algún tipo de visión crítica hacia la sociedad estadounidense. Podríamos asegurar que hoy en día, de continuar esa persecución sería imposible ver documentales de Michael Moore o películas como El Club de la Lucha, Fast Food Nation o American Beauty y cualquier película de Sean Penn u Oliver Stone entre otras.

Pasó el tiempo y terminó el Macartismo así como el famoso tribunal, sin embargo la ideología de los soviets siguió padeciendo ostracismo.

Las siguientes películas, sin embargo, dan la nota disonante al mostrar a los comunistas como “los buenos de la película”:


Por quien doblan las campanas: Película basada en la obra homónima de Ernest Hemingway y que está protagonizada por un voluntario estadounidense de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española. Sí, es cierto, la República española estuvo apoyada por los comunistas pero aún así, y por mucho que Pío Moa y Cesar Vidal quieran demostrar lo contrario, NO era un estado comunista. Sin embargo la mayor parte de los voluntarios de las Brigadas Internacionales sí lo eran y la presencia de esta ideología en las filas republicanas era algo más que testimonial con lo cual creo que puedo meter esta película a la lista. Por cierto, me pareció soporífera.


Rojos: Trata de la vida de John Reed, periodista, fundador del Partido Comunista de los Estados Unidos y uno de los dos únicos estadounidenses cuyo cuerpo fue enterrado en el Kremlin. Es una película no apta para quienes se aburran de ver a un dirigente político haciendo cosas de político, sin embargo, al tratarse de un dirigente clandestino en todo el planeta salvo en la recién nacida Rusia Bolchevique, cuyo parto él asistió como corresponsal, también está cargada de algunas aventurillas en plan prófugo / preso político / activista en la sombra.

ERA POST-GUERRA FRÍA

A partir de este momento el anticomunismo patológico americano se relaja un poco y el enemigo soviético pasa a ser un mero recuerdo inofensivo. Es entonces cuando comienzan a hacerse y verse películas como las de a continuación:


K-19: The Widowmaker: Trata de las desventuras de un submarino militar soviético del que Harrison Ford es su capitán. El drama de esta historia estriba, básicamente, en que dicho submarino era una completa basura, vamos, que hasta la desaparecida estación espacial Mir funcionaba mejor. Esto dicho como lo cuento puede parecer cómico pero quiero ver cómo os reís a miles de metros bajo el océano manipulando materiales radioactivos usando un mísero chubasquero a modo de traje antirradiación.


Enemigo a las puertas: Volvemos a la resistencia antinazi, esta vez de manos de Vasili Záitsev, un campesino cazador reclutado por el Ejército Rojo en plena Batalla de Stalingrado donde se convierte en leyenda viviente dada su espectacular puntería. Parte de esa fama es obra de un propagandista comunista que ni es mal tipo ni come niños pero sí es un poco ingenuo. Aún cuando la parte soviética salga bien parada en la película también es destacable que se hace mención del polémico Golodomor, más conocido como Genocidio Ucraniano, en una conversación informal de dos soldados en medio de una trinchera. Quizás sea eso una señal de madurez al tratar este tema pues, al igual que en God Bye Lenin!, el comunismo no aparece ni idealizado ni satanizado como ocurría antes.

En otra ocasión pondré un artículo con una recopilación de los mayores horrores cinematográficos de la Guerra Fría.

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