sábado, septiembre 22, 2007

El Santo Prepucio

Antes de nada que nadie se escandalice. Yo esto lo he escrito no porque la religión me parezca, en mi humilde opinión, algo absurdo sino porque estupideces como las que voy a redactar a continuación son tan calamitosas como las de cualquier ateo, agnóstico, etc que dijera lo mismo de los protagonistas de sus creencias.

Así pues, antes de ponerme una bomba o quemar una embajada en nombre del respeto a las creencias ajenas, tened en cuenta lo dicho anteriormente.

El tema que trato a continuación es sobre el miembro viril de Dios.

Se dice comúnmente en la comunidad cristiana internacional que Jesucristo ascendió a los cielos en cuerpo y alma. Esto en teoría ya es algo que escapa bastante a la lógica de cualquiera pero más bizarra se vuelve la cosa cuando descubrimos los pequeños detalles de ese extraño proceso. Para empezar recordemos que el fundador del Cristianismo era judío (aunque luego la Iglesia los persiguiera) y esto conlleva una serie de costumbres, entre otras la de la circuncisión, sí, la extirpación de ese aparentemente inútil pellejo existente en el extremo de cada miembro viril humano.



¿Qué pasó con ese pellejo? ¿Ascendió a los cielos con el redentor o se quedó tirado y perdido para siempre en el mundo terrenal? Por extraño e irrisorio que pueda parecernos a cualquiera de nosotros, este aspecto fue motivo de intensos debates entre las elites religiosas de toda Europa durante siglos.

Partamos de la base de que, como parte de Dios que era, ese fálico trozo de piel no podía pudrirse ni corromperse de ninguna manera posible y por tanto continúa existiendo tal y como vino al mundo mientras escribo este artículo y también mientras tú lo estás leyendo. Ahora bien ¿dónde está? Al parecer mientras unos decían que el susodicho prepucio ascendió a los cielos al igual que el resto del cuerpo de Cristo, otros en cambio hicieron su agosto cobrando entradas para adorar al “Santo Prepucio”, expuesto como otras tantas reliquias en diversos templos de la Cristiandad. Sin embargo hubo un hecho bastante curioso a este respecto y es que la cantidad de trozos de falo cristiano distribuidas por diversos templos era tan numerosa que solo podían sacarse dos conclusiones, o Jesucristo era un portento de divinas dimensiones o bien todas esas reliquias eran falsas. Yo personalmente me inclino por esta última opción pero aún siendo conscientes del fraude no está de más pensar cómo debería ser el prepucio de un bebé que es capaz de repartirse en pedazos por varios templos de Europa y Asia, entre los que figuran los de San Giovanni in Laterano, en Roma, en Charroux (aquí incluso residía una Hermandad del Santo Prepucio y contaba con la veneración de mujeres embarazadas), cerca de Poitiers, en Amberes (donde se decía que había un pedazo bastante grande), en París, en Brujas, en Bolonia, en Besançon, en Nancy, en Metz, en Le Puy, en Conques, en Hildeshin, en Calcuta y, como no, también en España, concretamente en Burgos.

No faltaron tampoco los teólogos de retorcidas elucubraciones como el católico griego Leo Allatius (1586-1669), quien llegó a escribir un ensayo sobre este importantísimo tema, De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba (Discusiones sobre el Prepucio de Nuestro Señor Jesucristo). No me imagino la cantidad de infumables teorizaciones sobre el paradero de este trozo de Dios pero sí puedo decir que una de ellas fue que el prepucio de Dios ascendió a los cielos para convertirse en...los anillos del planeta Saturno, recientemente descubiertos gracias a Galileo. Me pregunto si hubieran seguido con esa basta alucinación si les hubieran señalado los más de 275.000 kilómetros de anchura de estos anillos así como los muchos más kilómetros de diámetro total donde la Tierra podría parecer una canica sobre un tocadiscos.


Comparación de tamaños entre la Tierra y Saturno...menudo peyejo!!


Sinceramente dudo que haya existido nunca un ser humano con un prepucio capaz de envolver la Tierra incontables veces. Me da igual que su padre fuera Dios o quien sea, algo como eso lo habrían notado sus paisanos y el chaval habría sido más famoso por eso que por lo de multiplicar peces y panes.

Sin embargo el escritor de esa lisérgico documento no fue el único en narrar cosas absurdas. Posteriormente le siguieron toda una corte de enfermizas beatas cuyos instintos reprimidos explotaban en la más mínima ocasión. Personajes como Sor Agnes Blannbekin (muerta en Viena en 1715) de los que salieron experiencias insólitas como la siguiente:

Un día, al comulgar...comenzó a pensar en dónde estaría el prepucio. ¡Y ahí estaba! De repente sintió un pellejito, como una cáscara de huevo, de una dulzura completamente superlativa, y se lo tragó. Apenas lo había tragado, de nuevo sintió en su lengua el dulce pellejo y, una vez más se lo tragó. Y esto lo pudo hacer unas cien veces....Y le fue revelado que el prepucio había resucitado con el Señor el día de la Resurrección. Tan grande fue el dulzor cuando Agnes tragó el pellejo, que sintió una dulce transformación en todos sus miembros.

Karlheinz Deschner, Historia Sexual del Cristianismo, pág 130.]

3 comentarios:

Pajaroloco dijo...

Pues yo creo que lo utilizan en el hotel Rich como servilletero individual.

morderzorn engel dijo...

lo q creo es q ahora esta entre uno de los tantas tiritas negras y secas q cuelgan de las muñecas de los emo...

Anónimo dijo...

INTERESANTE...