jueves, marzo 01, 2007

Torturas medievales y no tan medievales

A continuación una serie de instrumentos creados y usados por gente de muy dudosa salud mental. Como ya sabréis muchos de esos instrumentos fueron difundidos y usados por la Iglesia católica en todos los territorios donde esta metió su hocico.

La verdad es que es normal que la fe en Dios se fuera contagiando de generación a generación y es que el miedo a la Iglesia podría haber sido peor aún que el miedo al infierno.

Habrá quien diga todavía eso de que solo perseguían herejes, brujas y delincuentes. Sin embargo hay que recordar que más del 90% de las cosas que hace una persona normal y corriente nuestros días era objeto de persecución en aquel entonces. No ir a misa, no haber sido bautizad@, decir que el Sol no gira alrededor de la Tierra sino al revés, dudar de la existencia de Dios o incluso echar un casquete prematrimonial eran solo unas de las miles de cosas por las que podrías morir torturad@ por la Iglesia.

Habrán también quienes digan que no fue la Iglesia sino la Inquisición. Grave error pues la Inquisición fue un tribunal de la Iglesia, una especie de Gestapo del Vaticano.

Por otro lado la persecución de supuestas brujas, curanderos, etc a estas alturas hay que llamarlo como lo que fue en realidad, una persecución ideológica y religiosa. En otras palabras, una lucha por la audiencia de una religión absurda y sin sentido como la cristiano católica contra otra no más absurda como la de las tradiciones animistas brujeriles que aún quedaban.

Comencemos:

El Potro


La víctima permanecía en esta camilla atada de pies y manos mientras por medio de unos rodillos la camilla se iba estirando. Los resultados eran graves dislocaciones, a menudo irreversibles, en brazos, piernas y columna vertebral.


El Aplastacabezas


La barbilla de la víctima era colocada en la barra inferior mientras el casco se iva acercando más a la misma por medio del tornillo de arriba. Los efectos eran la destrucción de los alvéolos dentarios, después la mandíbula y por último el cerebro, que se escurre por las cavidades oculares junto con fragmentos craneales.


El Tormento de la Rata

También fue usada en la antigua China así como en la no tan antigua dictadura argentina (1976-83). Se trata de colocar una jaula abierta por el suelo encima del abdomen de la víctima. Posteriormente se comienza a asustar al animal con palos con fuego para que no le quede más remedio que salir escarbando en la carne. En ocasiones la rata podía salir por el otro extremo del cuerpo.

Las Jaulas Colgantes


La víctima era introducida en una jaula casi de su propio tamaño donde moría de hambre, sed o incluso por la temperatura pues la jaula muchas veces era colgada de cualquier recinto público. A menudo el reo era mutilado, se introducía en su jaula junto con gatos salvajes que sus verdugos azuzaban con varillas al rojo vivo o incluso se encendía una fogata al rojo vivo debajo de la jaula.


La Doncella de Hierro


También fue conocida como La Doncella de Nüremberg pues fue en esa ciudad alemana donde se inventó. Consistía en un enorme sarcófago muy decorado por fuera pero con innumerables pinchos de hierro por dentro de modo que al cerrar el sarcófago la víctima era atravesada por ellos. Los pinchos eran desmontables con lo cual el torturador podía escoger la zona que quería mutilar cada vez que la usaba. Aún así en muchas ocasiones la disposición de dichos clavos estaba muy estudiada por expertos en medicina y anatomía con el fin de torturar sin matar y, de esta forma, prolongar la agonía.


El Método del Agua


La víctima, acostada e inmovilizada, era obligada a tragar una media de 10 litros de agua por sesión por medio de un embudo. Si bien la sensación de ahogo era ya insoportable más lo era cuando el estomago llegaba a reventar.


La Cabra

La víctima era acostada e inmovilizada, posteriormente se le untan los pies con sal o sebo. En ese momento se trae a una cabra que comienza a lamer. Seguramente pensaréis que ese tormento consistía en hacer cosquillas o alguna cosa leve, eso mismo pensaba yo, sin embargo las asperezas propias de la lengua de la cabra hacían que se llegasen a arrancar trozos de piel a los pies del condenado, llegando en ocasiones al hueso.


La Rueda


La víctima era atada desnuda con sus extremidades estiradas y unidas a trozos de madera. El verdugo asestaba grandes golpes contra la rueda destrozando las extremidades. Posteriormente se colocaba al reo en una rueda que giraba sobre un eje vertical muy por encima del suelo. Los cuervos y otras aves hacían el resto arrancando tiras de carne y vaciando las cuencas oculares.


El Garrote


Inventado en España, abolido durante la Segunda República e instaurada de nuevo por el franquismo hasta su abolición durante la Transición en 1978 siendo sus últimas víctimas Salvador Puig Antich y Heinz Ches. Fue más un medio de ejecución pero por la lentitud de su funcionamiento, con la consiguiente agonía, se ha clasificado como un instrumento de tortura.
El aparato consiste en una silla en cuyo respaldo un punzón atraviesa las vértebras verticales al tiempo que empuja todo el cuello hacia delante aplastando traquea con el collar fijo provocando la asfixia. La presencia de la punta en la parte posterior no sólo no provoca una muerte rápida, sino que aumenta las posibilidades de una agonía prolongada.


El Toro de Falaris


Consistía en una enorme escultura hueca de un toro en cuyo interior se quemaba viva a la víctima. Los tremendos alaridos del reo salían por la boca del toro haciendo parecer que eran mugidos.


La Sierra


La víctima era colocada boca abajo mientras el verdugo la aserraba. La posición invertida de la victima ayudaba a la oxigenación del cerebro haciendo que no perdiera el conocimiento hasta que la sierra no alcanzara el ombligo o incluso el pecho. La Biblia (II Samuel 12:31) hace mención a este tipo de tortura, en la época del Rey David. Este hecho contribuyo a la aceptación de la sierra, el hacha y la hoguera. La sierra se aplicaba a menudo a homosexuales (gays y lesbianas), aunque principalmente a hombres. En España fue un método de ejecución militar hasta el siglo XVIII. En la Alemania luterana la sierra esperaba a los cabecillas campesinos rebeldes, y en Francia a las supuestas brujas supuestamente preñadas por Satanás.


La Cuna de Judas



La víctima era izada hasta que se la dejaba caer encima de una pirámide clavándosela con su propio peso en el ano, vagina, escroto, etc.


La Cigüeña


Consistía en un artilugio que inmovilizaba a la víctima haciendo que, posteriormente, comenzara a sufrir fuertes calambres en las zonas rectales y abdominales hasta que se extendían por todo el cuerpo. Además el reo era pateado y golpeado, e incluso en ocasiones llegaba a ser quemado y mutilado.


El Cepo


A la víctima se le inmoviliza de pies y manos y se le exhibe en la plaza del pueblo para que sea humillado por el pueblo. A menudo era golpeada, escupida, insultada, e incluso en ocasiones la plebe orinaba y defecaba sobre ella.


El Péndulo


Su función consistía básicamente en la dislocación de los hombros doblando los brazos hacía atrás y después hacia arriba. La víctima atada de manos en la espalda era izada por las mismas. Para provocar un mayor sufrimiento se le colocaban en los pies una pesas.


Las Garras de Gato


Consistía en arrancar al prisionero la carne a tiras, llegándola a arrancar de los huesos por medio de un rastrillo.


La Pera


Se colocaban en la boca, recto o vagina de la víctima, y allí se desplegaban por medio de un tornillo hasta su máxima apertura. El interior de la cavidad quedaba dañado irremediablemente. Las puntas que sobresalen del extremo de cada segmento servían para desgarrar mejor el fondo de la garganta, del recto o de la cerviz del útero. La pera oral normalmente se aplicaba a los predicadores heréticos, pero también a seglares reos de tendencia antiortodoxas. La pera vaginal, en cambio, estaba destinada a las mujeres culpables de “tener relaciones con Satanás” o con uno de sus familiares, y la rectal a los homosexuales.

2 comentarios:

ZESAR dijo...

Joder, mira que las conocía casi todas... Y aun así no me puedo quedar indiferente ante semejantes salvajadas...

Y es que no se trata ya de que esto esté relacionado con una determinada religión o manera de pensar: lo que me resulta inconcebible es que hubiera gente dispuesta -psicológica y físicamente- a realizar la tarea de verdugos.

En fin, viendo lo visto y las fechas hasta que se llega (de todas estas masacres nos separan apenas unos siglos, en los casos con suerte), no me extraña que el ser humano ser actualmente un ser TAN violento y despiadado...

Damos asco, macho

Miss O. dijo...

...madre mía...

...de estos hay mogollón representados en el museo de cera de madrid...