martes, febrero 27, 2007

Las andanzas de un descendiente de Dracula



Su antecesor, el conde Drácula, se hizo inmortal en la novela de Bram Stoker como el más sanguinario de los vampiros.El príncipe Kretzulesco, descendiente por vía de la adopción del aristócrata rumano más conocido de la Historia, se niega a que el Estado de Brandemburgo «chupe la sangre» de sus vecinos de Schenkendorf con una reforma administrativa que les obliga a asumir las deudas de comunidades más pobres.

Ottomar Rodolphe, Conde Drácula príncipe Kretzulesco, que fuera adoptado en 1987 por la última heredera directa del auténtico Vlad de Transilvania, El Empalador, acaba de crear un principado en Schenkendorf, con bandera, pasaporte y hasta moneda propia, el drac. Ni siquiera quiere mantener el euro y ha lanzado un llamamiento a Rumanía para que refuerce sus lazos con el nuevo principado.

Empeñado en lavar la leyenda que tiñe de sangre su nombre, aunque sea adoptado, el Conde Drácula alemán organiza cada mes de junio una fiesta en la que recauda sangre que ofrece como donación a la Cruz Roja. Suele inaugurar la celebración dentro de un ataúd, del que se levanta con el fin de saludar y no asustar a los invitados.


El príncipe Kretzulesco, que hasta finales de los 80 era un pacífico anticuario berlinés, llamado Ottmar Berbig, se ha levantado ahora en armas contra su propio partido, la Unión Cristiano-Demócrata (CDU), que propugna la nueva distribución de las localidades de Brandemburgo.
El proyecto, que defiende encarecidamente el ministro del Interior, el democristiano Jörg Schönbohm, y acaba de entrar en vigor, establece que comunidades como Schenkendorf se unan a otras más pobres.


Schenkendorf, de apenas 1.100 habitantes, está en contra de esta nueva normativa, que le obligará a hacerse cargo con sus impuestos de las deudas de sus vecinos menos prósperos.
El príncipe Kretzulesco, el Drácula berlinés, pretende que en su nuevo Estado los impuestos se reduzcan de forma drástica y se dediquen principalmente a las necesidades de ancianos y niños.

El principado, un disparate jurídico según los expertos, tiene ya su himno, sus primeros pasaportes e incluso placas de matrícula.«Es una especie de legítima defensa, con el objetivo de salvaguardar nuestra idiosincrasia», explicaba el Drácula de Schenkendorf al Berliner Zeitung. Los vecinos secundan al peculiar descendiente del conde vampiro, mientras que en el Gobierno de Brandemburgo se han tomado a broma la idea del Drácula berlinés.

La historia, que podría parecer propia del día de los Inocentes, que en Alemania se celebra el día 1 de abril, puede atraer turistas a Schenkendorf, y especialmente al restaurante del castillo, que regenta el descendiente del famoso vampiro de Transilvania y donde se ofrecen, entre otras delicias, salchichas Drácula, aderezadas con ajo, a pesar de la leyenda.


Publicado en El Mundo

2 comentarios:

Mazo dijo...

Siempre buscas Estados nuevos creados por tío con brotes psicóticos, como si no tuvieras ya bastante con vivir en España, donde la ciudadanía entera está chiflada.
Saludos.

ZESAR dijo...

Bah, para qué necesita Europa otro paraíso fiscal?